Breves relatos breves surgidos de una mente calenturienta

Anti Juan Salvador Gaviota

Publicado: sábado 27 de agosto de 2011 | Publicado por Carlos Belío | Etiquetas: , , , 0 comentarios

Al atardecer las gaviotas vuelven a su acantilado tras Mompás
Todas menos una.
Juan Salvador sentía que la vida era más que vivir con la bandada en el acantilado y luchar por la comida. Sentía que volar servía para más que para solo planear en busca de peces o carroña de los barcos. Sentía que una gaviota estaba destinada a algo más que comer, procrear, no cuestionarse y ser uno más en la bandada.
Miguel Rizador Gaviota, se vió cautivado por las ideas de su amigo. Le gustaría ser como él y empezó a decirse esas mismas cosas sobre el propósito de la vida, pero no lo sentía. Pensaba que estaría muy bien sentirlo y para ayudarse a creérselo, empezó a mirarse a sí mismo con misticismo y a calificarse con grandes conceptos. Esos que son intangibles y sobre todo no mesurables por el resto de las gaviotas. Miguel Rizador Gaviota se decía poseer más dimensiones, se describía con una sensibilidad rozando lo divino y juzgaba a sus iguales como gaviotas huecas, temerosas de su realidad y de soñar. Su se dividía entre lo que era y lo que quería ser.
Lo que no parecía percibir Miguel Rizador era que mientras Juan Salvador luchaba por mejorar y aprender sin pretender dar lecciones a nadie, él era uno más en la bandada preocupado por el qué dirán y sintiendo en el fondo que lo que quería era una vida simple que su personaje y anhelo negaban, proponiéndose como una gaviota superior a las demás. Se convertía en lo que en realidad era: la vida de una gaviota que se relaciona con sus iguales, que sacia sus necesidades básicas y es aceptado por los demás.
Su personaje de divo le alejaba de su esencia sin él reconocerlo.
Juan Salvador alcanzó el cielo de las gaviotas mientras que Miguel Rizador siguió en el acantilado, donde murió como una carroñera creyendo que era la esencia intangible de la Gaviota pura.


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Vida Sencilla

Publicado: martes 5 de julio de 2011 | Publicado por Carlos Belío | Etiquetas: , 0 comentarios

Menú de colores
El contacto con lo humano sin escaparates.

Paro a preguntar por la panadería y en el bar me dicen que está cerrada hoy. Me quedo a comer en Villa María. María es una señora mayor y hastiada que escribe el menú del día con rotuladores de colores. Busdongo es un pueblo de montaña, de personas sencillas, recias. Ella me dice que aprovecha los rotuladores, que se le secan y los quiere aprovechar. "Puede llamarle 'Menú de Colores'"-le digo, y por primera vez levanta la vista para posarla en mis ojos. Sonríe. "Siempre, toda mi vida me han gustado los colores"-me devuelve ya con ternura. Sí. Le gustan los colores. Se quita el delantal y bajo él hay una florida camiseta, una falda por debajo de las rodillas y unos zuecos modernos de color naranja.

Como puerros con cabrales (que no da tanta risa) y fabada. De postre arroz con leche y un café.
Hablamos de pan, de masa madre y toma mi receta. "Seguro que lo haré antes que tarde"-me confirma-"le diré cuando regrese cómo me ha salido"

Regresaré.


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Ermitaño

Publicado: sábado 7 de mayo de 2011 | Publicado por Carlos Belío | Etiquetas: 0 comentarios

¿Cuánta vida por descubrir?
Una mañana de sábado. Todavía es temprano para ser un sábado. Los mercaderes apuran los últimos minutos preparando sus viandas para quienes en breve tomarán al asalto sus locales.
No es un día caluroso. Más bien fresco y con la sempiterna amenaza de nuestro habitual y gris Xirimiri.
Paramos en el despacho de café de la esquina. Ese que tiene a un Panchito con sombrero de bombín en el escaparate. Cogemos un baso de leche y nos sentamos en un banco a ver pasar a la gente, sentir el fresco, oler la incipiente primavera y escuchar a este ciudadano del mundo que, anónimamente, completa un cuadro urbano. Un Bodegón de cotidianidad urbana de una burguesa ciudad norteña.
Mientras Laia apura su leche, él también apura las últimas notas de un clásico bolero popular. Ermitaño de la música, se refugia detrás de su instrumento y con la mirada baja, deja caer su tonada.
Es esa mirada la que me atrae. No quiere cruzarla con nadie. Sólo toca y a penas agradece con una mueca si alguien le remunera con una moneda. Al terminar nuestro descanso le dejo a Laia una moneda para que se la de. Laia me mira, sonríe y de dice: "Los dos". Coge mi mano sin soltar la moneda y nos acercamos a este habitual ermitaño musical. Antes de soltar la moneda le mira. Es entonces cuando descubro que él está mirando a Laia y sonrie al ver la estampa de una niña que lleva a su padre a ecgar una moneda. Él sonrie, Laia sonríe. Yo también.

PD: Sobre este músico ermitaño supe a través de este blog, que sugiero a quien quiera disfrutar de lectura ordinaria y sencilla. Lectura llena de sentimiento y normalidad.


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Un tipo normal

Publicado: lunes 18 de abril de 2011 | Publicado por Carlos Belío | Etiquetas: , , 0 comentarios

Su vida era la de una persona media, en una familia media y una ciudad media. En algún aspecto podía salirse de esa mediocridad, pero en su media, era claramente un tipo normal.

Fred dejó de ser normal
Al nacer cayó en una familia normal. Era la que le había tocado y a veces se sorprendía de las excentricidades de las otras familias del vecindario. Había algunas familias con dos padres. Otras con sólo un hijo. También las había que profesaban religiones exóticas y distintas a lo común. ¡Había hasta familias de personas sin hijos y algunos tenían sus casas en propiedad! Unos excéntricos, vaya, minoría en el barrio.

Su escuela era normal. Una normal escuela de barrio con 2 ó 6 alumnos por curso que, con normalidad cerró y mandó a los 8 niños a otra escuela normal de otro barrio donde había más niños. Estudiaba poco y jugaba mucho. Lo normal.

Su ciudad era normal. Tenía mar, calles limpias, gente pulcra y normalmente estirada. En la ciudad todo era normal. Desde los altos precios de los servicios públicos, así como los privados. Los ciudadanos, en un alarde de normalidad, los pagaban así, con normalidad. Eso era lo normal.

Así pues creció nuestro amigo. Se empapó de lo normal y común que es la vida. Y la vida le hizo viajar y al viajar empezó a ver que lo que él creía normal, para otros era especial, espectacular, sublime, insoportable, soso, amargo... Nunca normal. Fue cuando pensó: "¿Será que lo que yo pensaba que era normal no lo es?"

Fred era una rana macho que fue introducido en una probeta. El experimento consistía en calentar el agua poco a poco hasta llevarla a ebullición. ¿Qué haría Fred? Fred murió cocido. Todo iba siendo normal para él y cuando se dio cuenta de que algo no lo era, ya fue demasiado tarde. Murió cuando certificó que lo normal no era lo mejor para él.

Descansa en paz Fred.


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O Dezaseis

Publicado: miércoles 16 de marzo de 2011 | Publicado por Carlos Belío | 0 comentarios

En Santiago estoy en casa en O Dezaseis.
Barrio de San Pedro. A 700 números de casa. De eso que reconozco como casa. Aquí. Allí. En Santiago. En casa.
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Panaderia Vista Alegre en Santiago de Compostela

Publicado: | Publicado por Carlos Belío | 0 comentarios

En Santiago hay una panadería. Un horno. Una cultura. Pan negro (como la película) en Vista Alegre el rincón de la tradición.

No es Cea, es la capital. Falta el encanto de lo rural y persiste la tradición del exigente gallego de toda la vida.
http://mialrededor.com/15078/Santiago_de_Compostela/15078745057/panaderia_vista_alegre_s_l.html

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Vivimos en Matrix

Publicado: jueves 2 de diciembre de 2010 | Publicado por Carlos Belío | Etiquetas: , 0 comentarios

El pasado Domingo, en la sobremesa de la comida familiar salió el asunto de la crisis. El asunto de la economía. Con él, todos los manidos argumentos repetidos de los voceros modernos. Todo lo dicho por esos presentadores e informadores de los medios de masas era repetido y acompañado por la coletilla lastimera de rigor. Que si los bancos, que si los "mercados", que si los políticos, que si Cantoná y su propuesta de sacar todos todo nuestro dinero del banco...
photo © 2010 Patrick Hoesly | more info
¿Qué es el dinero? ¿Qué valor tiene? ¿Qué tiene valor? 
"Vivimos en una mentira. Vivimos en Matrix -sentenció mi hermano-. Alguien una vez dio a unas monedas y después a un papel el valor simbólico de todo y desde entonces todo lo valoramos mediante ese valor simbólico. Hace unos meses los Estados repartieron a los bancos cientos de miles de millones de símbolico dinero. Tanto, que si se dividiese entre la población mundial, haría a todos y cada uno de los humanos que vivimos en La Tierra 'ricos'. Ahora que tenemos sueldos de 1000 unidades simbólicas un pan cuesta 1 de lo que llamamos 'Euro'. Si recibiésemos un SMS de nuestro banco diciendo que hemos recibido una transferencia por importe de 100 millones de esos simbólicos 'Euros'... ¿Cuantos nos pedirían por un pan?"

El ejemplo de arriba puede ser igual si en vez de 100 millones de Euros, de repente pasamos a tener 0. Esto es nuestro Matrix, la falacia en la que vivimos. Obsesionados con un ideal de felicidad inalcanzable, pero factible. Preocupados de conseguir lo que se nos ha dicho que es el camino de la felicidad (el dinero y toda su circunstancia). El dinero es un símbolo que nos han dicho que significa riqueza. Que significa valor. Nosotros lo hemos aceptado como un axioma. Pero el Valor no es el dinero. El Valor es el TALENTO. El Valor es la capacidad que tenemos para crear. Si somos capaces de imaginar y de llevar a la realidad lo proyectado, siendo eso algo que sea útil tanto material, como espiritualmente. Entonces nosotros somos ricos. Somos águilas criadas en un corral como gallinas. Por eso levantamos la vista. Por eso descubrimos que hay otras cosas, que desconocemos, pero que nos hacen sentir distintos


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